SÓLO SE TRATA DE VIVIR
¿Alguna vez te preguntaste qué es vivir?
No estar vivo o simplemente existir, sino "vivir".
Utilizar ese relativamente prolongado espacio de tiempo,entre que nacemos y morimos,para hacer cosas;sentir cosas;experimentar cosas.
Esas mismas cosas que hacíamos cuando éramos unos niños,y no nos deteníamos a cuestionar ¿por qué las hacíamos ni para qué?
Los niños,seguramente,son los que más viven la vida,en todo el amplio y profundo sentido de la palabra.
Sólo que mientras aún estamos transitando esa etapa menos contaminada en experiencias de la niñez,una parte de las futuras responsabilidades de los adultos ya nos es impuesta por las normas de diferentes modelos de vida constituidos en un proceso paulatino a la vez que cotidiano.
La escuela;los horarios;la alimentación;las maneras "correctas"de comportarse,no son más que algunas de esas imposiciones que aceptamos como básicas y necesarias para la formación de una persona perfectamente desarrollada y apta para insertarse en el mundo.
Así comenzamos a transitar caminos ya establecidos. A consultar guías para recorrerlos "como debe ser".
Es lógico y entendible porque los seres civilizados son eso: "sujetos de una civilización".Y civilización es estar unido a la cultura de un conjunto de seres humanos,que comparten un complejo sistema de organización social;en donde existen leyes;creencias;costumbres;valores e incluso ideologías.
Para ese sistema que se fue estableciendo a lo largo del tiempo,vivir,entonces,es dedicarle una parte de nuestro valioso tiempo a la educación.
Más adelante lo será al trabajo;en algunos casos al trabajo conjuntamente con el estudio;a la formación de un hogar;de una familia;de la crianza y sustento de los hijos e integrantes de ese hogar;de las responsabilidades ciudadanas y cívicas,mediante el pago de impuestos,de compromisos sociales,de retribuciones de muchos tipos y en varias áreas por las que iremos transitando.
Imagino que alguna mañana al despertarte te sentiste dichoso de estar vivo.
Pero al mismo tiempo,una sensación extraña te sumía en una confusa pereza que no te permitía abandonar ese tibio refugio de la cama.
Mientras aún estabas intentando interpretar los remanentes de algún sueño que se iba diluyendo en la luz del día,adivinabas sin demasiado esfuerzo de
concentración,todo ese desarrollo de actividades que a continuación se irían desatando poco a poco.
Salir de la cama;lavarse la cara y los dientes;vestirse;desayunar,y un sin fin de tareas conocidas y monótonas propias de un día más de vida.
Esa mañana,tal vez casi sin saberlo,estabas ante una de tus primeras reflexiones sobre sentirse vivo. Quizás ya lo habías notado o acaso empezaba por primera vez a darte vueltas por tu cabeza,esa gran diferencia entre estar vivo y sentirse así.
Uno generalmente lo ha visto en los libros o en las películas,cuando a una persona los médicos le dictaminan apenas unos pocos meses más de vida.
Y a partir de allí,si puede claro,intentará vivir todo lo que hasta ese momento no había tenido oportunidad.
Algunos viajarán;otros se reunirán con los que aman;se animarán a hacer mucho de lo que por miedo o por distintas razones no habían intentado jamás.
Hay entonces en esos ahora escasos momentos del vivir,un compendio de intensidad;una condensación de actividades fuera de lo común,de lo normal,
de lo cotidianamente posible.
Esa concentración de vida en breves lapsos,está permitida por la inminencia del desenlace fatal. El mismo desenlace de los que nadie escapará en determinado momento. Pero ahora determinado de antemano por una causa clínica;y cuanto más alejado de una edad cronológicamente considerada
propia de esos desenlaces,mayor es la ansiedad por vivirlos;más se consideran sus excesos;menos justo nos parece que eso ocurra.
Sin embargo no es la cantidad de lo que hacemos,tampoco la variedad o la complejidad de las acciones lo que determina que alguien haya vivido.
Hay que remontarse hasta los principios establecidos en las filosofías orientales,para tratar de comprender el significado de la vida.
Igual si uno no ha pasado por esos determinantes momentos en que se detiene a pensar,no sirve de mucho conocerlos.
No se trata de abandonar todo y hacer lo que nos vengan ganas y nada más. Sino de intercalar paréntesis especiales de momentos únicos,en esa larga cadena de tareas de siempre.
La vida es una inercia de complejas interacciones entre lo físico y lo espiritual.
Y allí es donde adquieren sentido aquellas palabras dichas por Pierre Teilhard de Chardin: "No somos seres humanos atravesando una experiencia espiritual;somos seres espirituales viviendo una experiencia humana”
Vivir es atesorar incontables y múltiples experiencias.
Algunas de ellas pueden sentirse apenas en los breves segundos de una mirada.
Vivir depende de cuánto uno sienta y reconozca que está vivo ... Todo lo demás es sólo tiempo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario