A hierro de barrotes de una ruinosa celda.
Sólo que los mismos son firmes y duros,muy diferentes a como lo
es el agua;que se amolda a las formas en las que se le pone;que
se escurre en cuanto tiene por dónde hacerlo,aún si ese dónde es
tan sólo una diminuta fisura,imperceptible para el ojo humano,pero
efectiva y suficiente para los microscópicos bastones de ciego que
guían al agua en su fuga.
Y si acaso no hubiera siquiera el más mínimo espacio por donde
escurrirse,el agua puede todavía escaparse de otro ingenioso modo.
Lenta pero constantemente,se evapora. Cambia de condición sin
dejar de ser ella;y en forma de vapor,ya no se escurre,¡vuela!.
Ya ni siquiera se adapta a las formas de ningún recipiente,sino que
viaja por el aire hasta juntarse con vapor de otras partes.
Con partículas de agua como las de ella,llegadas desde otras
formas,desde otros cuencos,desde otros encierros.
Las diferencias de presión y las térmicas,hacen que se condensen.
Que se unan cada vez más hasta volverse gotas.
Siendo ese grupo numeroso de uniones ocurre algo dramático.
Pasan a ser más pesadas que el aire y dejan de volar.
La gravedad de la Tierra las atrae de modo irremediable y caen ...
precipitadamente.
Por un momento el agua pasa a llamarse lluvia.
Nombre poético y científico con el que se reconoce la imposibilidad,
de las partículas de agua,para seguir volando.
Una vez en el suelo siguen uniéndose.
Unas forman charcos,otras corren por los declives de los campos,
por canaletas,por desagües;formando cañadas,arroyos,ríos.
Acaban siendo parte de un estanque,de lagunas u océanos.
También de recipientes abiertos. Baldes,tanques,neumáticos
abandonados,es decir,cualquiera de las formas cóncavas de todos los
objetos expuestos a la lluvia.
Sin embargo el agua es fatalmente detenida por sólo una cosa.
El frío intenso ...
El cero grado es el llamado punto de congelación.
Allí el agua se transforma en hielo.
Sus dinámicas y móviles partículas se unen formando cristales.
Se vuelven rígidos bloques completamente estáticos.
El agua queda entonces,atrapada en sí misma ...
Mientras la bebo pienso en ello,y entonces me pregunto:
¿Qué frío intenso o cosa parecida hace que yo deje de fluir?
¿De qué son estos barrotes que en mí mismo me atrapan?
¿Por qué camino de vez en cuando,hasta ese cero grado que
convierte mi corazón en témpano?
Hay lugares en el mundo donde el invierno lo vuelve todo blanco.
Crea paisajes de nieve y de hielo de una helada belleza.
La vida allí es mucho más que difícil.
La vida,se aletarga todo lo más que puede,mientras espera el
retorno de la primavera.
Árboles,arroyos y animales,postergan sus actividades mientras
transcurre el frío.
Y cuando los rayos del sol alcanzan a entibiar el aire,el agua es la
primera en despertarse ...
Las cristalinas cadenas que atrapan las partículas se deshacen.
Una a una las gotas de agua comienzan a fluir;a juntarse,a ser parte
de ese ciclo perpetuo del agua que gira junto a la vida.
Que gira junto a la Tierra,que gira alrededor del sol,que gira también,
en el espacio intergaláctico del cosmos. Así como constantemente
van girando los electrones alrededor del núcleo de cada átomo.
El agua que he bebido fluye por todo mi cuerpo.
Es el setenta por ciento que lo compone.
Viaja en mi sangre y en distintos fluidos sin detenerse nunca.
Aún cuando parece aquietarse en los tejidos,pasa por las membranas
de cada célula siempre en constante movimiento.
Uno es un ser dinámico,por más quietud mental y física que quiera
imponerle a su cuerpo.
Uno es inconscientemente parte,de ese constante giro inevitable
de todo el universo.
Me he bebido de este vaso toda el agua.
Que sabía a hierro pero tenía luego,un retrogusto a oro,como el del
anillo que rodea el anular de mi mano derecha,circular y simbólico.
Y entonces imagino,que debe ser también de oro,la llave que abre
la cerradura de diamante,de mi celda de hielo ...
